Inédito. Mariano Iberico ofrece discurso como rector de San Marcos

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El nuevo rector vierte sus ideas sobre la universidad

(Texto del discurso pronunciado por el Rector de San Marcos, Dr. Mariano Iberico Rodríguez, en el acto de asumir este cargo, el día 27 de diciembre de 1952)

Agradezco con viva emoción al Dr. Aurelio Miró Quesada Sosa, ilustre maestro y Rector, por las palabras con que se ha servido referirse a mi labor y a mi persona. Palabras generosas, como de quien vienen, y que aprecio en todo lo que valen, tanto como expresiones de estima personal cuanto como significativa afirmación de noble solidaridad espiritual en este momento decisivo para la historia de San Marcos.

Antes de entrar en consideraciones generales sobre la cuestión universitaria, cumplo con el profundo deber de mi espíritu de tributar fervoroso homenaje de recuerdo a la figura del Rector Pedro Dulanto, en quien admiré siempre las altas calidades de bondad humana y la brillante distinción intelectual. El recuerdo de Pedro Dulanto perdurará rodeado de respeto en la memoria de San Marcos y en el corazón de sus amigos.

Señores:

Al asumir el cargo de Rector que me ha conferido el voto de la Asamblea Universitaria, cumplo con el grato deber de agradecer con emoción ese voto que tanto me honra. Y en esta ocasión solemne quiero expresar con la sinceridad y la claridad que reclama el actual momento de la vida institucional, mis puntos de vista sobre la misión de la Universidad y sobre los imperativos que tanto a los profesores como a los alumnos plantea el problema que estamos obligados a contemplar y resolver en términos de la más auténtica y elevada inspiración pedagógica.

La Universidad como alta institución de cultura, tiene como misión fundamental la conservación, la difusión y afirmación, cada vez más eficaces y fecundas, de los valores espirituales: el saber, la elevación moral de la conducta, la plenitud, riqueza, intensidad de la vida en sus formas más depuradas y perfectas. Lo cual exige de quienes pertenecen al mundo de la universidad, consagración sin reservas, definida vocación cultural y visión que se levante por encima del interés transitorio, de la pasión subalterna y de la mezquindad del egoísmo a la contemplación de los verdaderos fines y deberes de la enseñanza superior.

Considero que la Universidad debe constituir una unidad de destino y de vida y que su progreso sólo puede obtenerse gracias al armónico ejercicio de las actividades que por definición la integran: la actividad de los que enseñan con generosa consagración al saber y con sentido ejemplar de la función docente, y la actividad de los que aprenden con noble reverencia por las grandes formas y por las eminentes realizaciones de la vida. Unidad cuya ruptura implicaría el fracaso del ideal universitario, porque afectando de modo fatal su eficacia pedagógica, haría imposible la fructificación de la enseñanza que reclama un clima de serenidad, de mutua comprensión y de unánime y fervorosa lealtad al espíritu indivisible de la institución. Unidad en fin, que sólo puede ser conservada si se reivindican para la Universidad un ideal y una misión estrictamente universitarios de los que estén rigurosamente apartados todos los factores extraños a su esencia y capaces, por lo tanto, de suscitar problemas cuyas proyecciones pueden traspasar en formas imprevisibles y peligrosas el círculo de la vida académica.

Imbuido en estas ideas  me esforzaré en el ejercicio de estas labores que me incumben, por realizar los objetivos de nuestra noble institución, atento sólo a la urgencia y a la importancia de la tarea; me esforzaré principalmente por reafirmar y conferir realidad efectiva a lo que yo considero como el carácter esencial de la Universidad y que consiste en ser una casa de estudios en que se planteen y resuelvan los problemas del saber y de la cultura con rigor especulativo, respeto por los datos de la experiencia y alta intención científica y ética, una casa de estudios que por naturaleza misma de su constitución y de su espíritu sea al mismo tiempo, un ámbito propicio a la obtención de los mejores frutos de belleza y de bien. Me doy cuenta de la magnitud de la tarea, complicada por la acción de factores circunstanciales; me propongo empero llevarla a cabo con entusiasmo y optimismo, sin permitir que mi serenidad se perturbe ante los riesgos inherentes a toda gran decisión ni ante las dificultades propias de los problemas mismos.

Para el logro de este propósito reclamo cordialmente la cooperación de los señores catedráticos y especialmente la de los señores miembros del Consejo Universitario cuyas luces me serán indispensables en el desempeño de mi cometido. E invoco, lleno de esperanza, al espíritu universitario de la juventud sanmarquina, hago un llamado fervoroso a la nobleza y elevación de sus intenciones y le ofrezco poner al servicio de su ideal de cultura y de progreso espiritual, lo mejor de mi empeño.

Con estos sentimientos, con la ayuda de Dios y la cooperación de los universitarios, así de los que enseñan como de los que estudian, espero cumplir mi misión con la dignidad y el acierto que reclaman la grave responsabilidad del cargo y la eminente jerarquía de la institución que me toca presidir y dirigir.

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Mariano Iberico habla en la Universidad de Salamanca (España)  1953 como rector de la UNMSM

*Publicado en la revista “Anales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos”, Segunda Época, Año III, Lima: enero-diciembre de 1952, nº 7.

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