Hacia una hermenéutica de la facticidad social en los 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana. Segundo Montoya Huamaní[1]

Fuente: revista Ojo Zurdo – Número 7

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Mariátegui decía: «A los filósofos les tocará, más tarde, codificar el pensamiento»[2]. En esa misma línea de esfuerzos intelectuales, codificadores y decodificadores o quizá renovadores, creemos que sobre los 7 ensayos de Mariátegui se han ignorado cuantiosas intuiciones, conjeturas y presupuestos como, por ejemplo, la «apertura epistemológica crítica»[3], la «racionalidad alternativa»[4], la «heterogeneidad histórico estructural» y su «descentramiento» del marxismo europeo. Dichas intuiciones, conjeturas y presupuestos la convierten aún después de 91 años de su nacimiento para literatura marxista latinoamericana, en una fuente inagotable de consulta, revisión y actualización permanente: un clásico. Quizá por ese motivo, Quijano subrayó que los 7 ensayos tienen la enorme «aptitud de producir nuevas lecturas»[5] en cada recodo o convulsión  de la historia y Dussel afirmó que «la filosofía de la liberación debe desarrollar las intuiciones de Mariátegui»[6].

         En particular nos inquieta la sintomática y singular presencia de su «vocación  hermenéutica» que se desliza  en varios textos e introduce explícitamente en el título de su opus magnum: 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana.  Nos referimos a la noción de «interpretación»  y a  los presupuestos epistemológicos y ontológicos que la acompañan. No obstante, puede pensarse que la «hermenéutica mariateguiana» no representa un problema y que aparentemente es una verdad de perogrullo, es decir, resulta tan obvio y pueril que no demanda justificación. Sin embargo, como advertía Heidegger, la apelación a lo obvio[7] en el ámbito filosófico es un procedimiento dudoso y desdeñable ya que  la aparente «comprensibilidad no hace más que demostrar una incomprensibilidad».

     Afortunadamente encontramos coordenadas de lectura, sobre la «vocación hermenéutica» de Mariátegui, en los escritos de Augusto Salazar Bondy. Según  el filósofo peruano se trataría de un proyecto de «hermenéutica social».[8] Pero, no lo tematiza, es apenas una intuición. También, el historiador y pensador argentino Miguel Mazzeo explora la «interpretación mariateguiana» y la denomina «hermenéutica situada».[9] Mazzeo se esfuerza por lograr una lectura en clave hermenéutica desde Heidegger y Gadamer, pero las sintonías con Mariátegui son mínimas ya que entre otras razones los pensadores provienen de escuelas, tradiciones, locus de enunciación y realidades marcadamente diferentes.

         En efecto, desde una «hermenéutica social» o «hermenéutica situada», Mariátegui se propone «interpretar» los hechos del mundo social y cultural peruano en clave marxista o quizá «leerlos» marxistamente como si —la realidad peruana— fuera  un inmenso libro abierto marcado por siete problemas cardinales que luego convertirá en excepcionales ensayos. Por esa razón estaba convencido que «Marx no tenía por qué crear más que un método de interpretación  histórica de la sociedad actual»[10]. Pero Mariátegui al hacer hermenéutica en algún sentido pone en cuestión la metodología positivista y marxo-positivista  hegemónica en las ciencias sociales europeas y, después, latinoamericanas. Naturalmente, la «bancarrota del positivismo y cientificismo, como filosofía, no compromete absolutamente la posición del marxismo. De este modo Mariátegui  se aproxima a una «racionalidad alternativa» y a una versión del socialismo  latinoamericano «descentrado» de Europa.

         Ahora bien, si fuera válida la  lectura de una  «vocación hermenéutica» en los 7 ensayos de Mariátegui, entonces, surge otro problema de orden genealógico-comparativo: ¿Cómo  entender el popular dictum de Marx, conocida como la undécima tesis sobre Feuerbach: «Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo»[11]?  Las Tesis sobre Feuerbach fueron escritas en septiembre de 1845 en Bruselas.  Recordemos, también, que Engels modifico el texto de Marx, en su publicación  de 1888, introduciendo la conjunción adversativa «pero», con el afán  de contraponer la  interpretación a la trasformación.[12] Lo cual significa que  Marx no niega la  necesidad de «interpretar» el mundo para «transformarlo» sino que advierte de los peligros y critica el  quedarse atrapados en el plano de la «interpretación» concebida  a la manera de los ideólogos neohegelianos. Por otra parte, no podemos minimizar el énfasis que Marx y, posteriormente, los marxistas europeos otorgan al papel de la trasformación social.  Es por eso que nos urge —como decía Quijano— una «opción de lectura diferente de Marx a partir de la experiencia latinoamericana», pero ese proceder implica «liberar al propio Marx de su eurocentrismo». Creemos que esta opción de lectura descentrada del marxismo europeo la ofrece  Mariátegui en los 7 ensayos, donde la «interpretación» de la realidad peruana era condición necesaria, pero no suficiente para la «transformación». En consecuencia, la «interpretación» era —y es todavía— el momento previo, axial, fundante y «descentrado» del marxismo latinoamericano en su versión más original. Lo cual no significa que la praxis sea, el momento a posteriori  y  ajeno a la teorización de una realidad concreta. Una vez más, se trata de un proceso singular de unimismamiento, pero no de una identidad irreductible entre praxis y teoría.

         Mariátegui bien pudo titular su obra de otros modos: 7 ensayos de «análisis», 7 ensayos de «investigación», 7 ensayos de «descripción», 7 ensayos «críticos», 7 ensayos de «diagnóstico», 7 ensayos de «polémica», etc. Pero no lo hizo, probablemente porque todos estos términos —y las operaciones cognitivas que las definen— están contenidos en una noción más compleja de «interpretación» o hermenéutica en algún sentido que las unifica o «unimisma» como solía decir: «Mis juicios se nutren de mis ideales, de mis sentimientos, de mis pasiones.  […] no soy un crítico imparcial y objetivo»[13]. En efecto, cuando Mariátegui  «interpreta» un hecho social, no solo describe, analiza, juzga, esclarece, demuestra y critica,  sino que además toma posición —en contra de la neutralidad valorativa— y se reconoce dentro de una tradición viva, móvil, heterogénea y heterodoxa[14]. No obstante, para el panhermeneutismo[15] de Nietzsche resultaría  imposible «interpretar la realidad» porque «no hay  factos, solo interpretaciones». Es decir,  no hay una «realidad en sí» al estilo platónico o kantiano, pues lo que pensamos y decimos de la «realidad» es ya una interpretación. Sobre el relativismo filosófico, Mariátegui afirma que «empieza por enseñar que la realidad es una ilusión; pero termina por reconocer que la ilusión, es, a su vez, una realidad.  Niega que existan verdades absolutas; pero se da cuenta de que los hombres tienen que creer en sus verdades relativas como si fueran absolutas».[16] Asimismo, Mariátegui apuesta por un materialismo o realismo ontológico, sin caer en un determinismo pasivo y rígido de los ortodoxos catequistas, que le permite «interpretar» la facticidad-histórico-social, en la medida que esta «facticidad» opere dialécticamente. En otras palabras se trata de «interpretar» los  hechos económicos como  determinantes-determinados para y por los productos culturales, las ideologías  y las  acciones políticas concretas. No olvidemos que para Mariátegui la «voluntad socialista»[17] se adhiere sólidamente a la realidad histórica, no para resignarse estoicamente frente a ella, sino para luchar contra ella.

         Otro problema de orden hermenéutico que suscitan los 7 ensayos, más allá de la «vocación hermenéutica» de su autor, es la «distancia temporal»[18]. En efecto, noventa y un años nos separan y, al mismo tiempo, nos acercan a los 7 ensayos de  Mariátegui publicados por primera vez en noviembre de 1928. Pero, por extraño y paradójico que suene, ¿cómo  puede un sujeto  acercarse a  un objeto que se aleja en el tiempo y está fuera de su espacio?, ¿cómo comprender un texto desde un contexto ajeno y diferente?, ¿la distancia en el tiempo garantiza una «mejor comprensión»? Estos problemas son quizá algunos de los más relevantes e intrincados para la hermenéutica filosófica  contemporánea. Afortunadamente tuvo respuestas en la obra Gadamer. Su obra nos ofrece un aparato conceptual pertinente al momento de estudiar la relación entre texto, tradición e interpretación, como parte de un «eterno movimiento circular de comprensión», cuya tarea es ampliar la unidad del  sentido u horizonte de una obra.

         Ciertamente, si trazáramos una línea imaginaria desde que aparecen los 7 ensayos en 1928 a la fecha 2019, podemos notar la cantidad innumerable de rediciones, traducciones, libros, antologías, tesis, ensayos, artículos, prólogos  y reseñas sobre los 7 ensayos. Por ejemplo en 1991 el Anuario mariateguiano[19] publica los resultados de la consulta a los intelectuales, investigadores y artistas sobre los libros más leídos en el Perú,  realizada por la revista Cuanto. El autor y obra más leída fue Mariátegui y los 7 ensayos que para ese entonces registraba 56 ediciones, sin considerar las piratas, 3 millones de números impresos, traducidos al ruso, francés (2 ediciones), inglés (3 ediciones), italiano, portugués, húngaro, alemán, chino y japonés;  además, circulaban medio millar de libros sobre 7 ensayos. Hoy, el número va en aumento, cuenta con más de 80 ediciones en  veinte países y once idiomas. Por consiguiente, reconocemos que la línea imaginaria está atravesada por innumerables lecturas y relecturas que crean  escenarios de conflicto, tensión y disputa hermenéutica e ideológica a lo largo de estos 91 años. Produciendo lo que denominamos, en una reciente publicación, Conflictos de interpretación en torno al marxismo de Mariátegui. A propósito de un libro de Paul Ricoeur El conflicto de las interpretaciones. Ensayos de Hermenéutica, donde nos advierte que «toda lectura de un texto,  por más ligada que esté al quid, a “aquello en vista de lo cual” fue escrito, se hace siempre dentro de una comunidad, de una tradición o de una corriente de pensamiento viva, que desarrolla presupuestos y exigencias.». Lo cual significa que ninguna interpretación relevante puede forjarse sin tomar prestados modos de comprensión disponibles en una época dada. Ergo, no hay reflexiones adánicas pues sería ingenuo aseverar «yo fui el primero en pensar o decir tal cosa sobre Mariátegui». En consecuencia, los  «conflictos de interpretación» que surgen inevitablemente de  la «distancia temporal» de los 7 ensayos son vistos como posibilidad positiva y  productiva del comprender pues forman parte del «círculo hermenéutico» que va constantemente del «todo a la parte y de la parte al todo». Lo cierto es que estamos en mejores condiciones y poseemos más elementos de juicios o prejuicios[20] para valorar los 7 ensayos, pero no es correcto hablar de una «mejor comprensión». Como diría Gadamer: «Bastaría decir que, cuando se comprende, se comprende de un modo diferente[21].

 

 

[1] Candidato a magister en Historia de la Filosofía y licenciado por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Su reciente libro Conflictos de interpretación en torno al marxismo de Mariátegui se publicó en el  2018 por Heraldos Editores. Trabaja para la  Revista Iberoamericana de Filosofía SOLAR,  es miembro del Comité Consultivo de la Cátedra José Carlos Mariátegui y Coordinador del Grupo de Estudios de Filosofía Latinoamericana  «Pedro Zulen».

[2] Cfr. Alma matinal, Lima, MINVERVA, 1972, p.28.

[3] Noción que describe la necesidad de  que el marxismo de Mariátegui  se «abra» e incorpore los debates del Grupo Modernidad/Colonialidad para renovarse.  Cfr.  Conflictos de interpretación en torno al marxismo de Mariategui,  p. 127-144.

[4] Cfr. Quijano, «El marxismo de Mariátegui: una propuesta de racionalidad alternativa», en El marxismo de José Carlos Mariátegui, Lima, Editora Amauta, 1era Ed.,  1995, pp. 39-47.

[5] Cfr. «Prologo» y «Notas introductorias»,  en la Antología de textos básicos de José Carlos Mariátegui, Lima, FCE, 1991, p. IX.

[6] Cfr.  «El marxismo de Mariátegui como “Filosofía de la Revolución”», en Anuario mariateguiano, Vol.  VI, N° 6, 1994, p.252.

[7] Cfr. Ser y tiempo, Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 1997, p. 27-28.

[8]Cfr. Historia de las ideas en el Perú contemporáneo, Lima, Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2013, p.304.

[9] Cfr.  Mazzeo, El socialismo enraizado, Lima, FCE, p.58-67.

[10] Cfr. Defensa del marxismo, Lima, MINERVA, 1967, p.36

[11] Cfr. Marx, Tesis sobre Feuerbach, en Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana (apéndice)  Moscú, Editorial Progreso, 1975, p.57.

[12]Cfr. Camino, Federico.  «La undécima tesis de Marx sobre Feuerbach», en Arete, Vol. V., N°1-2, 1993, p. 16-37.

[13] Cfr. «Advertencia» a los 7 ensayos. Mariátegui Total, Lima, MINVERVA, Tomo 1,  p.41.

[14] Cfr. Peruanicemos al Perú,  Lima, Editora Amauta, 1988, pp.161-165.

[15] Cfr. Grondin, Introducción a la hermenéutica, Barcelona, Herder, 1991, p. 36.

[16] Cfr. Alma matinal, Lima, Editora Amauta, 1972, p.32.

[17] Cfr. Defensa del marxismo, Lima, Editora Amauta, 1967, p.58

[18] Cfr. Verdad y método. Cfr. Tomo I,  Salamanca: Sígueme, p. 360-370.

[19] Cfr. N°3, Volumen III, 1991, p.155.

[20] Recordemos que Gadamer rehabilita el concepto negativo de «prejuicio» propuesta por  la Ilustración en un sentido positivo y productivo. Cfr. 337-353.

[21] Ibíd.,  p. 367.

 

 

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