La poesía, fiesta de la aparición

Reseña de «La Aparición, ensayos sobre el ser y el aparecer» de Mariano Iberico, a propósito de haberse cumplido 70 años de la publicación de este libro, considerado uno de los más importantes de la filosofía peruana y latinoamericana.

Por Carlos Reyes Álvarez, filósofo UNMSM y miembro del Grupo Pedro Zulen.

Es considerado el libro más importante de Mariano Iberico (Cajamarca, 1892 – Lima, 1974), aunque es injusto plantearlo por la originalidad de toda su obra. En este ensayo, publicado en 1950, plantea la ontologización de la aparición o lo que es lo mismo, la ontologización de las imágenes, la fantasía, el sueño. El mundo con el que trabaja el arte, aunque especialmente la poesía. “La poesía es la fiesta de la aparición”, sostiene.

La poesía es un fenómeno de expresión, como tal, expresa o hace evidente algo que subyace detrás, el sentido. La expresión podemos entenderla como aparición y el sentido como ser. Toda la primera parte del libro La aparición, la dedica a la mediación del lenguaje en el que la poesía juega un rol fundamental o dicho, en otros términos, es el lenguaje privilegiado. Este giro lingüístico no es particular en Iberico, se produce en la filosofía contemporánea. Presta mucha atención a las reflexiones metafísicas, asociadas al lenguaje, de Martin Heidegger. Así mismo, y como algo que atraviesa toda La aparición, tiene la influencia de autores como Plotino, Novalis, Bergson, Klages, Scheller, Kierkegaard, principalmente.

El ser es un tema clásico en la filosofía universal, desde que fue postulado por primera vez por Parménides. El ser es la totalidad de lo real, fundamento de todo. Y tiene las características de la unidad, inmovilidad, existencialidad, infinitud, correspondiente a las categorías del pensamiento. No obstante, el ser siempre aparece o se manifiesta.

112775062_696123751237976_1407769217264508648_nEl mundo de la sensibilidad o de la aparición, fue planteado también hace mucho tiempo por los primeros filósofos griegos, al cual entendían como un mundo cambiante, ontológicamente negativo – si es que es posible hablar de una ontología -. Y no es otra cosa que el mundo cotidiano, el mundo de la materia o de la naturaleza, en el que vivimos. Los filósofos metafísicos la desdeñaron porque creían que la verdad, la bondad y la belleza, se encontraban en una realidad superior y solo asequible por el pensamiento. Con ello, también menospreciaron la gnoseología de la sensibilidad, así como la imagen, el arte. Recordemos la expulsión de los artistas y poetas de la república ideal de Platón.

Desde los textos El romanticismo (1922) El Viaje del espíritu (1929), El mito y la cultura popular (1929) y La unidad dividida (1932) podemos sostener que Iberico empieza a considerar al mundo del aparecer como una ontología positiva – o acaso como un ontología a secas -, dejando atrás la negatividad que le habían atribuido la tradición eleática y Bergson (con quien comulgaba en casi todo hasta poco antes). Ahora, influenciado fundamentalmente por autores románticos y cristianos, empieza a plantear que la realidad natural o sensible es muy importante ya que es la creación o manifestación de algo más profundo: Dios.

Este libro tiene una única publicación, el 03 de julio de 1950 por la Imprenta Santa María en Lima, como parte de una edición de conmemoración del IV Centenario de Fundación de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. El doctor Marcial Abanto, discípulo cajamarquino suyo, habla de una mano negra, política, que retiró el libro del mercado el mismo año de la publicación. Y se condice con las pocas ediciones que circularon.

Creemos que urge hoy una reedición de La aparición para exhibir las “características de nuestro empeño de ser también, en cosas del espíritu, nosotros mismos”, dice Alberto Wagner de Reyna.

Es Mariano Iberico quien, por primera vez en la historia de la filosofía, habla de una ontología de la aparición, he ahí la trascendencia del libro para la estética y la metafísica. El filósofo Francisco Miró Quesada sostiene, sin pecar de grandilocuencia, que es Iberico por la autoría de este libro y otros complementarios, el pensador más original de Latinoamérica.

En esta breve y modesta reseña del libro, después de 70 años de haber sido publicada, exponemos algunas ideas principales del autor. Respetamos el orden del índice, por lo que comenzaremos hablando de la primera parte del libro dedicada a la mediación del lenguaje, en donde están los capítulos: 1. La poesía, 2. La transrealidad del objeto poético, 3. Lenguaje y metafísica, 4. La simbólica del aparecer y el sentimiento del destino. Para luego pasar a la segunda parte: 1. Ser y 2. El aparecer.

  1. LA MEDIACIÓN DEL LENGUAJE

A. La poesía

 Dedica la primera parte del libro a la mediación del lenguaje y considera a la poesía como el lenguaje privilegiado. No obstante, trata también sobre el lenguaje conceptual al que le atribuye otros nombres. Lo define para entenderlo mejor en su diferenciación con el lenguaje poético. La poesía es un fenómeno de expresión, la única herramienta con la que se puede manifestar la aparición.

Sin embargo, antes de profundizar en este tema de la poesía, escribe a manera de prólogo algunas consideraciones sobre la cultura. Sostiene que la cultura es parecida a una planta. La planta tiene una base, tierra germinal y tiene también un espacio o atmósfera en la que se desenvuelve.

Asocia la base a varios elementos, como la tierra germinal, la oscuridad, el secreto, la semilla, la materia de la vida vegetativa, la naturaleza, el pasado, la actividad creadora del genio individual y del pueblo, desde lo cual parte todo. Por otro lado, asocia el espacio o atmósfera a la plenitud vital, la luz, la eternidad, lo intemporal, la perfección, la universalidad, las formas ideales, el espíritu.

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La planta es la cultura que surge desde la profundidad de la materia o naturaleza y se eleva hacia la perfección o plenitud vital de la atmósfera. Encontramos aquí, aquella concepción de la naturaleza como una ontología positiva, alejándose de la filosofía eleática y del bergsonismo temprano (el cual influenció bastante en el autor) que sostenía lo contrario. La cultura, obra de la humanidad, encargada de este trabajo de ascensión, tendría a la religión y la poesía como sus dos fundamentales medios de acceso.

La poesía es para Mariano Iberico “el arte de expresar con palabras – gratas en sí mismas al oído y más gratas todavía por su recíproca relación melodiosa y rítmica – el modo de aparecer de las cosas, el cómo de la vida. Y como el aparecer es una categoría ontológica que sólo se da con relación a un sujeto, a un alma, a un como espejo a la vez superficial y profundo, resulta que la poesía es el lenguaje de las imágenes que brillan en el cristal del alma, y en las cuales se configura y en cierto sentido se disfraza y encubre y a la vez que se revela el misterioso Ser sin figura y sin nombre”.

Los elementos de la poesía son: el objeto poético, la emoción poética, la expresión poética y el acto poético

B. La transrealidad del objeto poético

La transrealidad, llamada también aparencialidad significativa, no es otra cosa que la apariencia, la imagen, la fantasía o el sueño. Es decir, todos aquellos productos de nuestra imaginación que poseen una realidad, no histórica o material, sino una de otro tipo.

En la mayor parte del texto hace referencias a la identidad entre poesía y sueño. Como si ambos configuraran un nuevo plano de realidad o de existencia, un otro-mundo; el espacio de la transrealidad. Cita, para explicar mejor esta idea, a filósofos que van desde Platón, pasando por Nietzsche, Albert Béguin, Bergson, Klages, hasta los románticos alemanes.

En estos últimos se delinearía mejor esta identidad de poesía y sueño. En ellos, “el sueño es la inmersión del alma en la oscura región donde la propia vida y la vida universal se identifican y confunden” (p. 61)

De la transrealidad sostiene que es “un cierto modo de ser de la apariencia, que se independiza de las limitaciones espaciales y temporales de la corporeidad y de la acción” (p. 66). Luego advierte “pero que no debería tomarse como sinónima de insignificancia, vanidad o irrealidad del objeto poético, puesto que su transrealidad le confiere, al contrario, un misterioso e inexpresable coeficiente de profundidad y de sentido” (p. 66).

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Con esta frase se refiere a la relación complementaria o una tensión entre sentido y expresión, algo que menciona constantemente en La aparición. No es otra cosa que la relación entre ser y aparecer, entre lo profundidad y la superficie, entre fondo y forma, en términos aristotélicos. No obstante, sostiene algo nuevo e interesante acerca de estos dos elementos: “existen objetivamente pero no todos las perciben”. Algunas personas solo llegan a captar la apariencia, en otros casos solo la profundidad. También existen los casos en que no llegan a percibir ninguna

C. Lenguaje y Metafísica

Aquí desarrolla la relación entre el lenguaje y el ser. Se deja notar, no solo en este texto sino en todo el libro, el giro lingüístico de la filosofía contemporánea.

En el lenguaje sostiene el autor, se pueden aislar tres elementos: el elemento sensible, el elemento ontológico y un tercer elemento que relacionaría ambos. Se refiere al lenguaje como elemento audible, al lenguaje como imagen real y al lenguaje que uniría lenguaje audible con imagen u ontología de la imagen. “El lenguaje es, en verdad un fenómeno representativo de la más profunda y misteriosa estructura de la existencia” (p. 71)

En este apartado vuelve a insistir en el binomio complementario de ser-aparecer. Y lo define mejor al sostener que “…el sentido sería así la unidad, lo invisible, lo permanente, es decir aquello que tiene las cualidades que ordinariamente se predican del ser. La expresión sería lo que está sujeto al cambio, lo que al fin y al cabo está incluso en el incontenible fluir de la vida” (p. 74)

El lenguaje tiene dos operaciones: el acto emanatístico o hipostático correspondiente a la expresión poética y en el cual se manifiesta el sentido, y por otro lado, el acto demiúrgico, mediante el cual se conceptualiza la multiplicidad de las apariencias. Habla, en resumen, del lenguaje poético y del lenguaje conceptual. El primero se aboca a la expresión y el segundo al sentido. Sostiene que desarrolla con más amplitud en este acápite, el lenguaje emanatístico o hipostático.

boda_alejandro“Llamamos operación hipostática aquella en que el sentido, en sí mismo invisible, suprasensible desciende a encarnarse y configurarse en la palabra”, sostiene Iberico. Y denomina a esta operación con ese nombre por analogía con la hipóstasis plotiniana. La teoría de que la realidad múltiple es producto de la emanación o hipóstasis del ser-UNO.

Dedica una buena parte de este texto a la metáfora, tema que desarrollará con autonomía y amplitud en el libro Estudios sobre la metáfora.

“El lenguaje afectivo es metafórico, es decir que los contenidos anímicos de esa calidad tienden siempre a ser configurados mediante imágenes tomadas del mundo sensible o también que las imágenes sensibles, directamente captadas por los sentidos se expresan con palabras que aluden o se refieren a los sentimientos del alma. La metáfora expresa el alma” (p. 95-96)

La metáfora es un lenguaje que plantea semejanzas de unas cosas con otras, o apariencias con otras apariencias. Ese es precisamente el modo de acceder al sentido, mediante la analogía.

D. La simbólica el aparecer y el sentimiento del destino

Con simbólica del aparecer se refiere a que la aparición se da siempre mediante una simbología. En ese sentido, el universo o la realidad cósmica se transmite a nosotros a través de símbolos.  Algo que pudo ser captado por la mentalidad arcaica y en la actualidad, por cualquiera que tenga un pensamiento simbólico.  El autor repara que, se ha considerado a menudo el tema del conocimiento del hombre primitivo como carente de interés o no filosófico.

La captación de la aparición, por parte de la mentalidad arcaica o del pensamiento simbólico, es en realidad un sentimiento de la comunidad, sostiene. Resalta aquí el carácter colectivo de este conocimiento.  Y es mediante la captación del aparecer, que manifiesta al ser, que esta comunidad logra captar su propio origen y destino.  Recordando lo mencionado en el primer capítulo dedicado a la poesía: el ser es un viaje que parte desde un origen o “tierra germinal” y va hacia un tiempo-futuro en busca de la “eternidad” o retorno al mismo fundamento, que es lo mismo.

Por otro lado, el autor menciona que esta forma de captación de la aparición es un dogmatismo gnoseológico en el sentido en que el dogmatismo cree posible el conocimiento de la realidad, pero a diferencia del racionalismo, que cree que la realidad se adecúa a la inteligencia, en el pensamiento simbólico hay una relación entre sentido y expresión. Iberico sostiene que hay una diferencia entre racionalismo y pensamiento simbólico en tres aspectos: 1. La concepción de la verdad, 2. Modo de captación y formulación final del sentido, 3. Por el diverso uso metodológico y gnoseológico de los principios del conocimiento.

Resalta el aspecto de la mentalidad arcaica que consideró a la simbólica universal o aparecer total como un lenguaje del destino, y así establecieron un parentesco entre cuatro formas de entender el aparecer: la magia, el mito, la poesía y la mántica o adivinación del destino.

 “Lo que la poesía, la profecía, la horoscopía descifran en el lenguaje de la naturaleza, en los signos del aparecer de los tiempos, en los misterios de los sueños y aun en la angustia desnuda que acompaña la música del devenir, ¿qué es? Es algo que viene del alma y se dirige al alma. Algo que viene de la vida y se dirige a la vida – ya que la muerte no habla y si habla es que vive -. Y como lo que viene de la vida y se dirige a la vida es destino, resulta que la filosofía simbólica es en el fondo una intuición, y para emplear esta palabra en su acepción más literal acaso la más profunda y auténtica, una teoría del destino”.

En efecto, es el hombre primitivo o arcaico productor de imágenes, utiliza el principio de analogía, el lenguaje metafórico para mostrarnos la realidad. Realidad profundamente sagrada. Realidad, además, en la cual configura su origen y su destino.

Critica, no solo en este apartado sino constantemente, el que en este mundo moderno exista una desaparición del sentimiento simbólico del aparecer y una extinción del sentido del destino. Es decir, que la forma en que el hombre primitivo concebía el mundo, un mundo con alma, que nos muestra una apariencia que tiene un fundamento más profundo, divino, ha desaparecido. El hombre moderno es un destructor de la aparición, de la materia, de la naturaleza.

  1. SER Y APARECER

A. El ser.

Comienza el texto marcando distancia de la concepción del ser de Inmanuel Kant. Sostiene que, para Kant, la cosa en sí existe de modo independiente de la conciencia. La cosa en sí para Iberico es inseparable de la conciencia. Recordemos que la aparición tiene una de sus formas de manifestación en el lenguaje poético, que se da en la conciencia.

El ser no se puede dar sin aparecer, sostiene. Concibe el ser de tres modos: uno lógico, otro existencial y uno de forma o esencia. En el modo lógico hay un aspecto relacional o de subordinación, por ejemplo, “el azul es un color”. El color es el género y el azul es la especie. El modo existencial refiere a la realidad del ser, a su objetividad, a su solidez y no solo a su relación, así podemos decir “el azul es”.

Luego sostiene: “El ser es así, algo que está más allá de la apariencia pero que también está presente en ella, como el sentido de una frase que está más allá de las palabras pero que las penetra, las anima y sostiene. El ser de la frase es el sentido, el sentido de las cosas es su ser; sentido que ellas expresan en el lenguaje del aparecer”.

criton-apoya-la-mano-en-el-muslo-de-sc3b3crates1-e1454963442431Iberico hace un análisis de la concepción del ser de Parménides, precisamente el fundador de la metafísica, abordando las características de éste como de inmovilidad, unidad y existencialidad. Hace lo propio con la filosofía del devenir de Heráclito. Concluye sosteniendo que el ser de Parménides es sólido, inamovible, profundo y se manifiesta en el aparecer de heráclito, el cual fluye, cambia, se modifica. De este modo, “el ser, como algo que se despliega en la heterogeneidad del devenir, lo trasciende y está en él” (p. 142)

En las siguientes páginas, se concentra en la existencialidad del ser. Cita a varios autores a los que trabajó para la producción de los libros La Unidad Dividida, como Pascal y Dostoievski. De ellos, aunque el término existencia y la ocupación sobre este tema provenga de kierkegaard, sostiene que se ocuparon de la existencia no como una unidad abstracta sino como la nada, la muerte.

 “el ser de los entes reales no se da como unidad pura, abstracta y estática sino como una unidad que, de un modo o de otro, encierra en sí la división y con ella, el secreto de la fecundidad y del devenir” (p. 150)

B. El Aparecer

En este apartado pretende encontrar el sentido ontológico o metafísico del aparecer. “La aparición es un aparecer al alma, y el alma quiere aprehender lo que está más allá de esa relación: lo en sí de las formas y modos de aparecer” (p. 176)

Lo más interesante de la primera parte de este texto son las críticas al modo como concibió Kant el aparecer, que resumimos del modo siguiente:

  1. Redujo el aparecer a la “simple” categoría de fenómeno.
  2. Plantea el inconveniente de toda síntesis, el fundamentar la separación primero. Se tiene a la materialidad del contenido por un lado y por otro, a las formas trascendentales y vacías.
  3. La objetividad kantiana desconoce la autenticidad del aparecer convirtiéndolo en un mixto de elementos.
  4. La síntesis kantiana ignora la verdadera unidad del aparecer.

Iberico conceptualiza el aparecer como “la presencia universal del ser al alma, ya por medio de las sensaciones, ya sea en la intuición sensible, ya sea en la intuición mnemónica, o en la imaginativa y fantástica, o en alguna otra forma de aprehensión inmediata” (p. 179). En el texto La transrealidad del objeto poético, Mariano cita a los románticos para sostener que el alma está en todo, en la naturaleza y en el hombre, como una unidad

friedrich_nietzschePor otro lado, el propósito o intención de tratar el tema del aparecer consiste en “encontrar a través de la aparición, el sentido transfenoménico del aparecer y sobre todo exponer el contenido de una visión intuitiva, es decir inmediata de la totalidad oceánica de lo real, sugerir la experiencia de la tensión vital universal entre la profundidad y la superficie, tensión en que la profundidad es el sentido de la superficie y la superficie el lenguaje y la epifanía de la profundidad” (p. 180)

Desarrolla a continuación varias proposiciones acerca del aparecer, que las resume así:

  1. El aparecer es una heterogeneidad inexhaustible que se despliega en el tiempo y espacio
  2. El aparecer es aparecer de un alma
  3. El aparecer está sujeto a las leyes empíricas del contraste y de la alternación rítmica
  4. El aparecer se da según modos y relaciones comparables a los que se dan en el mundo de la luz
  5. Todo aparecer expresa o dice relación al ser

CONCLUSIONES

Al final, el autor señala a tres ontologías y no dos, que actúan en estas operaciones: el ser, el aparecer y “el reflejo especular del aparecer”. A este tercer elemento lo entiende de la siguiente manera:

“El ser en sí sale de sí en un éxodo creador y suscita el aparecer; el aparecer por la ley del desdoblamiento ontológico, se constituye en ser y a su vez se proyecta en nuevo aparecer, en una nueva aparición. De otro lado, el reflejo de la aparición no es mera receptividad pasiva sino una reacción que al propio tiempo recibe la luz y la proyecta, despertando nuevas apariencias y continuando de este modo el movimiento de la imaginación universal. Así estas tres entidades: ser, aparecer y reflejo especular del aparecer se corresponden y en cierta medida, se implican y mutuamente se reclaman y engendra” (p. 217-218).

En otras palabras, el aparecer se convierte en un ser y éste desarrolla un nuevo aparecer. Y así sucesivamente.

Cajamarca, 25 de julio de 2020.

BIBLIOGRAFÍA

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  • Imagen de la portada principal: Pintura de Percy Pimentel Pantoja.